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Historias de nacimientos: Febe Mariel

Historias de nacimientos: Febe Mariel

Un sábado 15 de septiembre (efectivamente, di el grito), eran como las cinco ó seis de la tarde, y empecé a sentir algo así como cólicos menstruales leves, ya tenía 39 semanas de embarazo y según me iba a aliviar el día 21. Estaba sola en la casa pues mi esposo trabaja los fines de semana, y de hecho en su trabajo iban a hacer una ceremonia por lo del grito de independencia, así que él iba a llegar muy tarde. Ese día estuve viendo un maratón de “Paranormal Witness”, así que estaba nerviosa pero feliz porque me encantan las historias de terror.

Cómo es mi primer bebé no sabía nada absolutamente, así que le marqué a mi amiga Rebeca (la otra mamá rockstar de este blog), y pues ella no me supo explicar porque ella no tuvo oportunidad de sentir una contracción cuándo tuvo a Ximena (a ella le provocaron el parto por cesárea), pero me recomendó ir al doctor, luego le hable a otra amiga que ya tenía dos hijas, ambas de parto natural, y me alarmó, me dijo: córrele al hospital, apúrate, así se siente y luego no tarda mucho en salir, ella no tuvo más allá de unas cuatro horas de labor de parto.

Le hable al papá y lo alarmé también, le dije: YA, CÓRRELE POR QUE YA TENGO DOLORES; él llegó como en una media hora. Le platiqué lo que sentía pero pues yo estaba relativamente normal, era un dolor soportable, yo seguía caminando bien, con hambre, nerviosa sí, pero en control aún, por lo que él me dijo que no creía que ya fuera necesario ir al doctor pues él estuvo presente en el parto de una de sus hermanas y sentía que a mí me faltaba, aun así mandamos a pedir un taxi y nos preparamos para irnos al hospital. Total que llegó el taxi, nos subimos, y el chófer sintió miedo y nos dijo: tengo un compromiso y sólo los puedo llevar a la avenida, no me alcanza el tiempo de llevarlos hasta el hospital…Bueno pues que me enojo y les digo haber regresenme a mi casa YA.

De nuevo en la casa me dijo mi esposo, si te siguen los dolores vamos más tarde, yo creo que te falta… y ni hablar, seguí con mis dolorcitos, cené y me fui a dormir enojada por el escándalo de los cuetes de esa noche.

A la mañana siguiente desayunamos y nos preparamos con calma, yo seguía casi igual. Cabe señalar que yo tengo un bajísimo, casi nulo, umbral al dolor, cuándo se me rompe una uña lloro, y cuándo me baja sencillamente vivo dopada pues no soporto el más leve dolor. Nos fuimos al hospital en donde, a pesar de ser día festivo, estaban varios médicos y no había gente esperando en el área de urgencias, me atendió una linda doctora que me hizo varias preguntas. Hasta aquí todo bien. Cuándo me revisó haber cuánta dilatación llevaba me dice: TIENES UN CENTÍMETRO… QUEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE!!!, casi me la como viva, o sea, si así duele un centímetro, que me espera!!! Me enojé, me enojé mucho, mucho, pues yo ya quería salir de ese trance. Me mandó de regreso a mi casa, me dio cita abierta por si me ponía mal en la tarde o noche, y me mandó a hacer un último ultrasonido al día siguiente para llevarle los resultados y ver cómo iba.

Ese día fue doloroso pero soportable, lejos estaba yo de imaginar el infierno de dolor que iba a vivir. Mis movimientos ya eran muy torpes, comí pero me sentía bastante nerviosa y mal, yo sólo quería que el dolor terminara. Llegó la noche, y se me dificultaba acostarme, así que me quedé viendo pinterest en la compu, aparte para anotar cada cuántos minutos me daban las contracciones, a las dos de la mañana ya me fue imposible recostarme por un intenso dolor, horrible, horrible, HORRIBLE, ya no pude moverme y las contracciones eran cada diez u ocho minutos. Cada contracción yo pedía perdón por todos mis pecados pues sentía que estaba agonizando, de verdad, y me preguntaba que estaba yo pagando para tener este trabajo de parto taaaaaaaaaaaaaaan largo.

Llegó el lunes, yo no dormí NADA, y los dolores eran ya cada cinco minutos. Desayunamos mi esposo y yo y, cuál ballena varada, me deslice en taxi al laboratorio para el dichoso ultrasonido, y luego volví a rodar de nuevo a un taxi rumbo al hospital. Mis pies de Pedro Picapiedra ya no me funcionaban para nada, pero no podía recostarme o recargarme en algo, fue una odisea, porfin llegue al hospital, mi único consuelo era que ya pronto terminarían los dolores…

De nuevo el interrogatorio, y de nuevo la revisión. Yo ya estaba super lista para pujar y que me dice la doctora: tienes CUATRO centímetros de dilatación… … … …

Me puse como Hulk, o sea, esta niña que onda eh, venia por partes o que, ya llevaba yo soportando casi 48 horas de trabajo de parto, y sólo llevaba unos miserables cuatro centímetros. Me enojé, mucho, MUCHO. Lo bueno es que la doctora me dijo: sal a caminar, camina lo más que puedas, en cuanto llegues a siete centímetros de dilatación te internamos, yo creo que de esta noche no pasas, síguele caminando y te reviso a las cuatro (apenas era la una), y ya no comas nada…aparte sentía yo mucha sed pero desde esa mañana no pude ya hacer pipí a pesar de que sentía muchas ganas. Así que a arrastrarme por el jardín del hospital, trate de ir a hacer pipí y nada, y ya era muy molesto, de por sí las contracciones y luego la vejiga llena…

Dieron las cuatro… otra revisión… otro interrogatorio… “llevas SEIS centímetros, sal a caminar pero ya no te vayas, de hoy no pasas, a las siete te internamos lleves los centímetros que lleves”, la gente me miraba con lástima pues yo lloraba y me quejaba mientras me abrazaba de mi esposo, ya no podía sentarme, acostarme, caminar, estaba a punto de reventar. Dieron las siete de la noche, por fin me internaron, ya llevaba los dichosos siete centímetros y ya sentía morir. Estaba nerviosa y MUY enojada, nadie me había comentado de un trabajo de parto taaaaaaaaaaaaaaaaan largo cómo el mío.

Me tuvieron que poner sonda pues la beba ya me había aplastado la vejiga y me urgía hacer pipí, salió como litro y medio de orina, ahí parte de mi alma descansó. Como un día antes había sido festivo, hoy no había doctores!! Sólo un doctor malvado y estresado para atender como a doce parturientas que estábamos ahí esa noche, sé que eran doce pues en ese hospital hay sólo doce camas y ya luego supe que estaban llenas.

Las horas más terribles de mi vida las pasé ahí, ningún capítulo de “Paranormal Witness” se parecía, gritos, llantos, alaridos desgarradores, mujeres desesperadas gritando de dolor… y yo también. Me inyectaron oxitocina para acelerar el parto y me rompieron la fuente. H-O-R-R-I-B-L-E, sentí como salieron de mi cuerpo cuatro litros de agua caliente y como las contracciones se agudizaron y se volvieron permanentes. Y nada más no salía mi criatura!

Puje y puje y seguí pujando, hasta que se me reventaron los vasitos de los ojos y ya me era difícil ver con claridad. Llegó un momento en que suplique una cesárea, a pesar de que sentía terror de la raquia, y el doctor me seguía diciendo que pujara… yo ya sentía que nos estábamos muriendo las dos…

Llevaba 45 minutos de labor de parto, la bebé empezaba a tener sufrimiento fetal, me habían puesto dos inyecciones de oxitocina y ya estaba a punto de perder el conocimiento. Ya era tan tan grave mi dolor que, de verdad, me deje vencer. Pensé que iba a morirme y ya lo estaba aceptando. El dolor era tal que me quedé callada esperando y deseando el momento de morir pues yo sencillamente no podía más.

Obviamente decayó mi ritmo cardíaco y el de la bebé, así que me prepararon rapidísimo entre varios enfermeros y me dijeron que me iban a meter al quirófano de urgencia para una cesárea. En ese momento la bebé decidió deslizar aún más su cabeza por el canal de parto, desgraciadamente era ya muy tarde, íbamos rumbo al quirófano…

A partir de ahí mis recuerdos están cortados, no pude tener conciencia bien de lo que pasó.

La raquia ni la sentí, sólo sentí que me hicieron bolita entre varios y me la inyectaron. Después escuche que el doctor le indicó al enfermero que me metiera la mano y empujara a la bebé de regreso para que él me la sacara por la panza… ay que horror. Y así fue. Eso si lo sentí. Luego medio desperté, casi no pude abrir los ojos de tan hinchados que los tenía, y alcancé a ver un bebé rojito, como camarón, que volteó al mismo tiempo a verme. O si, por fin, ya salió. Pero el doctor me regaño que por qué, cómo no puje, la bebé no respiró al principio, y vi que le pusieron como un refractario de cristal en su cabeza. Y perdí de nuevo el conocimiento.

Empezaba a despertarme y escuchaba cómo que le estaban pegando a una mesa. Veía todo negro, no podía abrir los ojos. Poco a poco me empezó a caer el veinte, no le estaban pegando a la mesa, le estaban pegando en la espalda a la bebé para que repitiera pues ya le habían dado de comer, un enfermero estaba a lo lejos cargándola, la tenían enredada en una mantita blanca ya sin casco ni nada. El enfermero me vio reaccionar y me dijo lo que estaba pasando y que fuera tratando de mover poco a poco mis dedos y mis piernas. Ya cuando estuve bien despierta me pusieron a la beba junto a mí y me llevaron a recuperación.

Me había aliviado a las once de la noche, después de 54 horas de trabajo de parto!!

Y por fin está aquí con nosotros la hermosa Febe Mariel!!

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Margarita (Momzilla)

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