El nacimiento de Ximena: parto prematuro por Síndrome de HELLP
Durante mucho tiempo, soñamos con el embarazo ideal, ese momento sublime que vemos en la televisión, con nuestra pareja a nuestro lado, un parto sin complicaciones y la emoción de tener a nuestro bebé en brazos para comenzar una nueva vida juntos.
Para algunas mujeres, esto se convierte en una realidad, pero para otras, como yo, esa imagen queda lejos de lo que vivimos.
Así viví mi embarazo
Desde que descubrí que estaba embarazada, todo marchaba de maravilla. No experimenté síntomas molestos y mis chequeos médicos eran impecables. Nos sentíamos increíblemente felices, al igual que toda la familia, ante la llegada de nuestro primer bebé, el primer nieto en mi familia y el segundo en la de mi esposo.
Durante el quinto mes, recibimos la emocionante noticia de que íbamos a tener una niña, cumpliendo así nuestro sueño, incluso ya teníamos un nombre elegido. A las 27 semanas, me realizaron los exámenes de rutina que resultaron perfectos. Aunque me sentía un poco presionada en el trabajo durante esas semanas, no era nada fuera de lo normal. Hasta ese momento, todo era una historia feliz.
Parto prematuro por Síndrome de HELLP
Todo iba bien hasta que, durante el quinto mes, empecé a experimentar dolores de cabeza e hinchazón en las piernas. Pensé que eran molestias normales del embarazo, hasta que el dolor abdominal se intensificó repentinamente una noche.
Fui a la clínica por insistencia de mi madre y allí comenzó la pesadilla. Tras una serie de análisis, me diagnosticaron preeclampsia grave y me trasladaron de urgencia a un hospital mejor equipado.
Mi estado empeoraba rápidamente, y el domingo, a las 29 semanas de gestación, los médicos decidieron realizar una cesárea de emergencia para salvar tanto a mi bebé como a mí.
Mi hija Ximena nació prematuramente, con apenas 1,500 kg y enfrentando complicaciones debido al Síndrome de HELLP. Fue un momento agridulce conocerla en medio de la preocupación por su salud. Pasó semanas en la UCIN (Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales), luchando por sobrevivir mientras yo también enfrentaba mi recuperación.
Los pronósticos médicos no eran alentadores, pero Ximena demostró una increíble fortaleza. A pesar de su frágil estado, superó cada obstáculo con valentía. Después de meses de cuidados intensivos, finalmente llegó el día esperado: Ximena estaba lista para ir a casa.
El camino no fue fácil; necesitó atención constante y numerosas visitas médicas. Pero hoy, varios años después, mi hija es una niña sana y alegre. Su llegada cambió mi vida para siempre, recordándome la fuerza del amor maternal y la importancia de la esperanza en los momentos más oscuros.
Así fue mi embarazo
Desde que supe que estaba embarazada todo iba muy bien, no tuve síntomas molestos, todas mis revisiones perfectas, nosotros súper felices al igual que toda la familia. Llegaba nuestro primer bebé y el primer nieto en mi familia y segundo en la de mi marido.
Durante el quinto mes, supimos que sería niña, la noticia nos puso muy felices, ese era nuestro sueño incluso ya teníamos hasta el nombre. En la semana 27 me hicieron los exámenes de rutina los cuáles salieron perfectos, esas semanas estuve algo presionada en mi trabajo, pero nada fuera de lo normal. Hasta aquí toda la historia feliz.
Complicaciones en el embarazo
Un jueves, comencé a sentir un leve dolor de cabeza y noté que mis piernas estaban un poco hinchadas. No le di mucha importancia ya que son síntomas comunes durante el embarazo.
Al día siguiente, el dolor de cabeza persistía, aunque no era muy intenso. Sin embargo, por la noche, empecé a experimentar un fuerte dolor abdominal, justo debajo de las costillas, similar a la sensación de gastritis. Incluso llegué a pensar que eso era lo que me estaba ocurriendo.
Con el transcurso de la noche, el dolor se intensificó y me resultó imposible conciliar el sueño. Decidí levantarme de la cama y sentarme en la sala, ya que esa posición al menos mitigaba un poco el malestar.
Me diagnosticaron preeclamsia
El sábado por la mañana me desperté sintiéndome mucho mejor, apenas tenía un ligero dolor de cabeza. Sin embargo, por insistencia de mi mamá, fuimos temprano a la clínica para una revisión. De repente, todo se convirtió en caos: tras examinarme y hacerme algunos análisis, me informaron que tenía preeclampsia grave.
De inmediato llamaron a una ambulancia y me trasladaron a un hospital más grande y equipado. Me llevaron directamente a urgencias y luego a terapia intensiva. Nunca antes había estado hospitalizada y la idea de que mi bebé y yo no estuviéramos bien me llenó de miedo y nerviosismo.
A pesar de recibir oxígeno, sentía que me faltaba el aire y mi presión arterial y pulso aumentaban constantemente. Me conectaron a varios aparatos y me realizaron numerosas pruebas de sangre, todas indicaban malas noticias. Nadie de mi familia podía entrar a verme.
No pude conciliar el sueño en toda la noche, me sentía cada vez peor. Los médicos me informaban que mi estado era grave y me administraban anticonvulsivos y otros medicamentos. Mis plaquetas disminuían rápidamente y mis riñones e hígado comenzaron a fallar. Además, la preocupación por mi bebé no dejaba de aumentar. En cada revisión, me preguntaban si aún sentía los movimientos de mi bebé, ya que sus latidos eran débiles.
El nacimiento prematuro de Ximena
El domingo seguía sin ninguna mejora y llegó una doctora a decirme:
“En este momento te vamos a interrumpir el embarazo, tu bebé está por cumplir 29 SDG, tiene 50% de probabilidades de sobrevivir afuera, pero si no lo interrumpimos ahora no sobreviven ninguno de los dos, ahora mismo te van a llevar al quirófano, no hay tiempo de hablar con tu familia para que autorice la cesárea”.
Todo sucedió tan rápido que no supe como reaccionar, sólo me dio mucho miedo por mi bebé y pánico de perderla.
Ya en el quirófano, me anestesiaron y empezaron con la cesárea, yo escuchaba como unos “quejiditos” y le pregunte a los doctores cómo estaba mi bebé y no me contestaban. Finalmente escuché que ella lloraba, la limpiaron rápido y una enfermera la llevó conmigo rápido y me dijo: “este es su bebé, dele un besito” y ahí fue cuando conocí al amor de mi vida: Ximena y se la llevaron de inmediato a terapia intensiva.
¡Fue lo máximo, nunca se me va a olvidar ese momento en que conocí a mi bebé!
Sólo fueron unos segundos pero se quedarán en mi memoria siempre.
Síndrome de HELLP
Después de la cirugía, me llevaron de vuelta a la unidad de terapia intensiva, donde me informaron que tenía el Síndrome de HELLP. Sorprendentemente, nadie de mi familia, ni siquiera mi esposo, había sido informado sobre su nacimiento. Fue durante la hora de visita cuando se enteraron de la situación y el estado de salud de ambos. Esta falta de comunicación dejó a todos desconcertados y preocupados, ya que no tenían información sobre nuestro estado de salud.
Finalmente, informaron al padre de mi bebé que estaba en la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales (UCIN), donde pesaba 1,500 kg y medía 40 cm. Desafortunadamente, no pudo conocerla hasta el día siguiente. Yo estaba ansiosa por ver a mi bebé y saber cómo estaba, pero no me permitieron visitarla hasta que saliera de terapia intensiva.
Una semana después, me desconectaron brevemente para que pudiera ver a mi bebé. Fue un momento difícil, acompañada por las enfermeras, vi a mi pequeña conectada a un respirador y rodeada de lámparas y equipos médicos.
Verla tan vulnerable me destrozó el corazón, y me invadió un sentimiento de culpa por no haberme cuidado mejor. Ahora entiendo que el Síndrome de HELLP es una complicación grave del embarazo, pero aún se desconoce su causa.

Los pronósticos de los doctores
Los pronósticos de los doctores no eran nada alentadores, siempre nos decían que mi bebé estaba muy grave. Unos días mejoraba un poco y al otro empeoraba mucho. Aún no era capaz de respirar por ella misma, ya que no dio tiempo de aplicarle algún tratamiento para ayudarle a madurar sus pulmones, además su corazón y sistema digestivos aún estaban muy inmaduros y además tenía otras graves complicaciones por su falta de desarrollo.
Una vez me dijo una enfermera…“Señora hágase a la idea cuando venga que a lo mejor ya no la va a ver, ya ha estado muy desganada la nena, y ha bajado mucho de peso” es horrible pasar por eso y demasiado triste. En esos momentos mi bebé pesaba solo un 1 kg., había perdido mucho peso.
Pasaron varias semanas y a mi me dieron de alta, pero mi nena se quedó, pero por fin le quitaron el respirador y le pusieron algo parecido a un casquito con oxígeno, ahora pesaba 1,200 kg., me dijo el Dr. ya podía tomar algo de leche con sonda, todo iba mucho mejor, pasaron unas 8 semanas desde que nació y por fin salió de terapia intensiva y la llevaron a la sección de prematuros a una incubadora.

Estábamos muy contentos por qué ya estaba mucho mejor, pero un día me llamaron por teléfono mucho antes de la hora de visita, lo cuál nos preocupó mucho.
Nos avisaron que mi bebé había presentado una apnea (dejó de respirar por unos minutos) y la llevarían a hacerle estudios y la canalizaron a neurología, afortunadamente nos dijeron que no le había afectado, así que unas dos semanas después le quitaron el oxigeno, y por fin le pude dar un biberón, solo fue 1 ml pero era mucho avance para ella.
De ahí todo fue mejorando, afortunadamente sólo tenía que ganar peso y crecer un poco más. Un miércoles después de dos meses y medio de estar hospitalizada, por fin nos dijeron lo que tanto esperábamos: ¡Su bebé ya se puede ir a casa! ¡Estábamos muy felices! Mi bebé ahora ya pesaba 1,600 kg y cada día estaba más fuerte.
Por fin en casa
En casa, Ximena requirió de muchos cuidados, lámparas para que guardara el calor, medicina para que no dejara de respirar, etc. Durante dos años estuvimos bajo revisiones con todo tipo de especialistas y estudios médicos, alguno de ellos complicados (pruebas neurológicas, cardiológicas, etc.).
Ya pasaron varios años desde que nació Ximena, gracias a Dios ha crecido muy sana y fuerte y es lo mejor que me ha pasado.

HOY NO IMAGINO MI VIDA SIN ESA PEQUEÑA PERSONITA, SIN ESCUCHAR DE UNOS PEQUEÑOS LABIOS ESA PALABRA CORTA Y LARGA A LA VEZ: “MAMÁ”.
¡GRACIAS POR VENIR MI HERMOSA XIMENA!
Rebeca
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