Nadie nace sabiendo ser mamá o papá, pero todos podemos aprender
Cuando llega un hijo todo cambia. Queremos hacerlo bien, aunque la realidad es que nadie nace sabiendo ser mamá o papá.
Vamos aprendiendo en el camino y descubrimos que cada etapa trae nuevos retos.
Lo importante es entender que siempre podemos crecer junto con nuestros hijos y encontrar mejores maneras de acompañarlos.
El psicólogo David Arrieta del Centro de Enseñanza Familiar comparte cómo prepararnos y aprender a ser mejores papás puede fortalecer la relación con nuestros hijos en cada etapa de su vida.
¿Por qué es importante “aprender a ser padre”?
Hay muchas maneras de responder esta pregunta. Desde lo legal, donde ya existen sanciones fuertes para quienes dañan a los niños, hasta lo emocional, que es más complejo pero igual de importante.
También conviene pensar en la costumbre social. Cuando llega un hijo todo son felicitaciones y regalos, pero casi nunca se habla de lo que implica realmente convertirse en mamá o papá.
Si miramos nuestra propia historia familiar, veremos cómo cada generación ha vivido este camino de forma distinta.
El inicio de la experiencia
Recordemos ese momento en que llega la noticia de un primer hijo. En algunos casos es algo planeado y en otros llega de imprevisto.
Sea como sea, los pasos se parecen. Empiezan las consultas médicas, se comparte la noticia con la familia y los amigos, y más tarde surge la emoción de elegir un nombre.
En esa etapa ponemos mucha atención en lo material. Pensamos en la cuna, la ropa, los accesorios y hasta en la habitación. Quienes ya hemos sido padres sabemos lo larga que puede ser esa lista.
Lo que casi nunca se prepara es el aprendizaje. Pocos se detienen a leer, estudiar o buscar recursos como talleres y cursos que ayuden a criar con mayor conciencia y a relacionarse de manera sana con los hijos.

Aprender a ser padres también es educarse
Si lo comparamos con el trabajo, ser papás es como iniciar en un empleo nuevo. Nadie llega sabiendo todo. Por eso en las empresas existen las capacitaciones o los famosos “On boardings”.
Ahí se enseñan las llamadas habilidades blandas. Son esas herramientas personales que facilitan las relaciones y permiten actuar con ética. En la crianza también necesitamos ese tipo de habilidades.
Convertirse en papás exige tiempo, esfuerzo y energía. A veces creemos que ya lo tenemos todo aprendido, pero en realidad pocas veces somos conscientes de lo que implica.
Por eso me gusta invitar a reflexionar en dos cosas:
- Descubrir qué es lo mejor que tengo como persona
- Aprender cómo transmitirlo a esa nueva personita.
Muchas veces vivimos el día a día sin detenernos a pensar en esto. Pero hacer una pausa puede cambiar la manera en que criamos.
Vale la pena preguntarse:
- ¿Qué es lo mejor que tengo?
- ¿Cuáles son mis fortalezas?
- ¿Qué experiencias me marcaron para siempre?
- ¿Quiénes me enseñaron lo importante de la vida?
Cuando identificamos nuestras fortalezas y lo que valoramos de la vida, tenemos más claridad sobre qué compartir con nuestros hijos.
De ahí nacen los valores que vamos a inculcar y el ejemplo que vamos a dar.
Lo que enseñamos empieza mucho antes de las palabras. Inicia con lo que somos y con la forma en que vivimos cada día.

Un proceso que acompaña toda la vida
Educar a un hijo no se limita a la infancia ni a la adolescencia. Es un proceso que sigue mientras ellos crecen, incluso cuando forman su propia familia.
En ese camino también aprendemos a mejorar nuestras relaciones con nueras, yernos y, más adelante, con los nietos.
Ser papás implica mirar hacia adentro. Preguntarnos quién soy, qué aprendí y qué resultados tuvo lo que me enseñaron. Esa mirada interna es la que me permite criar con conciencia.
Cuando sabemos quiénes somos, podemos acompañar mejor a nuestros hijos, elegir cuándo poner límites, cómo enseñarles a manejar emociones o cómo guiarlos en la toma de decisiones.

Educar desde la conciencia
Aprender a ser papás es también aprender de uno mismo. Lo que más influye en la crianza no son los consejos ni las técnicas, es la forma en que vivimos y nos relacionamos con la vida.
Desde el Centro de Enseñanza Familiar los invito a mirarse, a reconocerse y a elegir con conciencia lo que quieren entregar a sus hijos.
Educar es transmitir lo que somos y ese es el regalo más grande que podemos darles.
Sobre David Arrieta:
Es psicólogo y maestro en Terapia Familiar Sistémica. Durante varios años compartió reflexiones sobre la vida en familia en los programas de radio “Historias de todos” y “Aprendiendo en familia”.
Desde 2006 dirige el Centro de Enseñanza Familiar, donde acompaña a mamás, papás y familias a través de consultas y talleres sobre crianza, educación y desarrollo personal.
https://centroensenanzafamiliar.com/
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