Ejercicios de piso pélvico que toda mamá debería conocer
Durante mucho tiempo, el cuidado de nuestra salud como mujeres se ha centrado en aspectos como la alimentación, el ejercicio y las revisiones ginecológicas.
Sin embargo, hay otra parte de nuestro cuerpo que también merece toda nuestra atención, especialmente después de la maternidad.
Se trata del piso pélvico, y aprender a cuidarlo es importante para nuestro bienestar a cualquier edad.
¿Qué es el piso pélvico y para qué sirve?
El piso pélvico es un grupo de músculos y tejidos que se encuentra en la parte baja de la pelvis, entre el pubis y el cóccix.
Para entender mejor dónde está, imagina una especie de hamaca que sostiene los órganos de esta zona, como la vejiga, el útero y el recto.
Estos músculos ayudan a sostener los órganos pélvicos, controlar la salida de la orina y las heces, y participar en la función sexual. También trabajan junto con otros músculos para dar estabilidad al cuerpo.
Aunque no los vemos, los músculos del piso pélvico trabajan todos los días.
Por ejemplo, cuando toses, estornudas, te ríes o levantas algo pesado, ayudan a soportar la presión que se genera dentro del abdomen.
También se relajan cuando vas al baño para permitir que la orina y las heces salgan sin dificultad.
¿Qué órganos sostiene el piso pélvico?
En las mujeres, los músculos del piso pélvico ayudan a sostener varios órganos y participan en funciones importantes del cuerpo.
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La vejiga: almacena la orina y trabaja junto con los músculos pélvicos para controlar cuándo ir al baño.
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La uretra: es el conducto por el que sale la orina. Los músculos que la rodean ayudan a evitar las pérdidas involuntarias.
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El útero y la vagina: reciben soporte de los músculos y tejidos que forman el piso pélvico.
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El recto y el ano: intervienen en el control de las evacuaciones y los gases.
Además, estos músculos trabajan en equipo con los abdominales, el diafragma y los músculos de la espalda para ayudar a mantener la estabilidad del tronco mientras caminas, haces ejercicio o realizas tus actividades cotidianas.

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¿Qué pasa cuando el piso pélvico pierde fuerza?
Los músculos del piso pélvico, al igual que los de otras partes del cuerpo, pueden cambiar con el paso de los años.
El embarazo, el parto vaginal, la menopausia, el envejecimiento y otros factores pueden afectar su resistencia, elasticidad y capacidad para responder a los movimientos y esfuerzos del día a día.
Uno de los cambios que puede presentarse es la pérdida de tono muscular. Esto significa que los músculos tienen menos capacidad para mantenerse firmes y responder cuando se necesita.
En algunos casos, también pueden estirarse los tejidos que los rodean y dan soporte a los órganos pélvicos.
Cuando esto ocurre, pueden aparecer problemas como el prolapso de órganos pélvicos. Esta es una alteración en la que uno o varios órganos, como la vejiga, el útero o el recto, descienden de su posición habitual y pueden llegar a ejercer presión sobre la vagina.
También es importante saber que no todos los problemas del piso pélvico están relacionados con músculos débiles.
Algunas mujeres presentan músculos demasiado tensos, que permanecen contraídos y tienen dificultad para relajarse.
Esta situación puede causar dolor pélvico, molestias durante las relaciones sexuales y dificultades para evacuar o vaciar la vejiga.
¿Por qué es importante distinguir entre debilidad y tensión?
Porque cada problema necesita un tratamiento diferente. Mientras que algunos casos requieren ejercicios para mejorar la fuerza muscular, otros necesitan técnicas de relajación, respiración y terapia manual para disminuir la tensión.
Por eso, antes de comenzar una rutina de ejercicios por cuenta propia, es recomendable acudir con un fisioterapeuta especializado en piso pélvico.
Una valoración permite conocer cómo se encuentran estos músculos y elegir el trabajo más adecuado para cada mujer.

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Beneficios de fortalecer el piso pélvico
Fortalecer los músculos del piso pélvico puede ayudar a mejorar el control de la vejiga y favorecer el bienestar en distintas etapas de la vida. Sus beneficios cuentan con respaldo científico.
Por ejemplo, una revisión publicada en 2018 en la Cochrane Database of Systematic Reviews, titulada “Pelvic floor muscle training versus no treatment, or inactive control treatments, for urinary incontinence in women”, analizó 31 estudios con 1,817 mujeres.
Dicho estudio encontró que estos ejercicios pueden reducir las pérdidas involuntarias de orina y mejorar los síntomas de la incontinencia urinaria.
Entre los beneficios de trabajar esta zona se encuentran los siguientes:
- Reducir las pérdidas de orina.
Los ejercicios pueden ayudar a disminuir los escapes que ocurren al toser, estornudar, reír o hacer ejercicio. Este es uno de los beneficios con mayor respaldo científico. - Sentirte más cómoda al realizar tus actividades.
Cuando disminuyen las pérdidas de orina, puede ser más fácil salir a caminar, hacer ejercicio o participar en actividades sociales con mayor tranquilidad. - Cuidar la salud pélvica durante el embarazo y el posparto.
El entrenamiento adecuado puede ayudar a prevenir o tratar algunos problemas urinarios relacionados con estas etapas. Es recomendable adaptar los ejercicios a las necesidades de cada mujer y a su recuperación después del parto. - Mejorar algunos aspectos de la vida sexual.
Algunas investigaciones sugieren que el entrenamiento de los músculos pélvicos puede favorecer la función sexual. Los resultados varían y, si hay dolor durante las relaciones sexuales, es importante recibir una valoración profesional. - Formar parte del tratamiento de la incontinencia urinaria.
En mujeres con pérdidas de orina al hacer esfuerzos, los ejercicios de piso pélvico son una de las opciones de tratamiento recomendadas. Para obtener mejores resultados, un profesional puede enseñar la técnica correcta y establecer un programa adecuado.

¿Cuándo empezar los ejercicios según tu tipo de parto?
Después del nacimiento de tu bebé, es importante darle tiempo a tu cuerpo para recuperarse. Sin embargo, esto no significa que debas esperar varias semanas para comenzar cualquier ejercicio.
Los movimientos suaves del piso pélvico pueden retomarse desde los primeros días, siempre que tu estado de salud lo permita y no tengas molestias que lo impidan.
El momento para comenzar depende de cómo fue el nacimiento, si hubo desgarros, puntos o alguna complicación, y de cómo te sientas durante la recuperación. Estas son algunas recomendaciones según el tipo de parto.
Si tuviste un parto vaginal
Si tuviste un parto vaginal sin complicaciones, puedes comenzar con contracciones suaves del piso pélvico durante los primeros días, incluso entre las primeras 24 y 48 horas, siempre que te sientas cómoda.
La recomendación del National Health Service (NHS) es comenzar con movimientos suaves, como caminar y realizar ejercicios de piso pélvico, tan pronto como te sientas preparada.
Si tuviste puntos por un desgarro o una episiotomía, puedes necesitar algunos cuidados adicionales.
En estos casos, es importante comenzar poco a poco y evitar cualquier movimiento que aumente el dolor. Si el desgarro fue profundo, especialmente de tercer o cuarto grado, consulta con tu equipo médico antes de iniciar una rutina.
Si tuviste una cesárea
Aunque el nacimiento fue por cesárea, los músculos del piso pélvico también necesitan atención, ya que durante el embarazo soportaron el peso del bebé y los cambios propios de esta etapa.
No es necesario esperar automáticamente entre cuatro y seis semanas para comenzar los ejercicios suaves de esta zona.
Algunas recomendaciones de fisioterapia obstétrica indican que pueden iniciarse durante los primeros días, una vez retirado el catéter urinario y cuando puedas orinar con normalidad.
Eso sí, debes respetar la recuperación de la herida quirúrgica y evitar los movimientos que provoquen dolor o presión en el abdomen.
El regreso a actividades más intensas, como correr, levantar pesas o hacer abdominales, requiere más tiempo y una valoración de tu recuperación.
Si estás pensando en tener otro bebé, conoce lo que debes saber si te vas a embarazar para prepararte y cuidar tu salud desde antes de la concepción.
¿Cuándo debes esperar o consultar antes de comenzar?
Aunque los ejercicios suaves pueden iniciarse pronto, hay situaciones en las que necesitas una valoración antes de hacerlos:
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Si tuviste un desgarro importante o una lesión durante el parto.
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Si sientes dolor intenso en la zona vaginal, el periné o la cicatriz de la cesárea.
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Si tienes sangrado que aumenta o molestias que empeoran al moverte.
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Si te cuesta identificar o contraer los músculos sin sentir dolor.
La guía clínica del National Institute for Health and Care Excellence (NICE) recomienda que los programas de entrenamiento del piso pélvico sean supervisados por un fisioterapeuta o profesional de salud capacitado, especialmente cuando existen factores de riesgo relacionados con el parto.

Ejercicios de Kegel, la base de la rehabilitación
Los ejercicios de Kegel son una de las formas más conocidas de trabajar los músculos del piso pélvico.
Consisten en contraerlos de manera voluntaria durante unos segundos y después relajarlos. Aunque parecen sencillos, es importante aprender a hacerlos correctamente para que el esfuerzo se concentre en los músculos que queremos trabajar.
¿Cómo hacer los ejercicios de Kegel?
Si quieres comenzar a practicarlos en casa, sigue estos pasos:
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Busca una posición cómoda.
Al principio puedes acostarte boca arriba con las rodillas flexionadas y los pies apoyados en la cama o el suelo. Cuando tengas más práctica, podrás hacerlos sentada o de pie. -
Identifica los músculos.
Imagina que quieres evitar que salgan gases o que estás intentando contener la orina. Debes sentir un pequeño movimiento hacia adentro y hacia arriba en la zona vaginal y anal. -
Haz una contracción suave.
Aprieta los músculos del piso pélvico durante unos tres a cinco segundos, sin contener la respiración. -
Relaja por completo.
Suelta los músculos durante el mismo tiempo que duró la contracción. Esta parte es tan importante como apretarlos. -
Repite el movimiento.
Comienza con cinco a diez repeticiones, siempre que puedas hacerlas sin dolor ni cansancio excesivo.
Cuando tengas mayor control, puedes aumentar poco a poco el tiempo de cada contracción hasta llegar a diez segundos.
La cantidad de repeticiones y las sesiones diarias deben adaptarse a tu capacidad y a las indicaciones del profesional que te acompañe.
Dos tipos de contracciones que puedes practicar
El entrenamiento no consiste únicamente en mantener los músculos apretados. También es importante practicar movimientos cortos para que puedan responder cuando necesitas contraerlos rápidamente.
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Contracciones largas:
Aprieta suavemente los músculos, elévalos hacia adentro y mantén la posición durante unos segundos. Después, relájalos por completo. -
Contracciones cortas:
Aprieta los músculos y suéltalos rápidamente. Repite el movimiento varias veces, dejando que se relajen entre cada contracción.
Puedes combinar ambos tipos de movimientos en tu rutina, siempre respetando tu capacidad y evitando hacerlos hasta sentir dolor o agotamiento.
Errores que debes evitar al hacer Kegel
Aunque son ejercicios sencillos, hay algunos errores que pueden impedir que trabajes los músculos adecuados:
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Apretar los glúteos o juntar las piernas: procura mantener estas zonas relajadas mientras haces la contracción.
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Contener la respiración: respira con normalidad durante todo el ejercicio.
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Hacer fuerza hacia abajo: el movimiento debe sentirse como una contracción que sube hacia el interior del cuerpo, no como si estuvieras pujando.
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No relajar los músculos entre repeticiones: dejar que se suelten por completo es parte fundamental del ejercicio.
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Hacerlos mientras orinas: aunque puedes imaginar que detienes el chorro para identificar los músculos, no debes practicar las contracciones interrumpiendo la salida de orina de manera habitual.
¿Cómo saber si estás haciendo bien los ejercicios?
Si no consigues identificar los músculos o tienes dudas sobre la técnica, puedes acudir con un fisioterapeuta especializado en piso pélvico. Durante la valoración puede revisar cómo contraes y relajas esta zona y enseñarte a realizar los movimientos correctamente.
En algunos casos se utiliza el biofeedback, una técnica que permite observar en una pantalla la actividad de los músculos mientras haces los ejercicios. Esto ayuda a reconocer si estás contrayendo los músculos adecuados y si consigues relajarlos después.
Recuerda que hacer más repeticiones no significa obtener mejores resultados. Lo importante es realizar cada movimiento correctamente, respetar los descansos y adaptar la rutina a tus necesidades.

Puente de glúteos, fortalece el abdomen y el piso pélvico
El puente de glúteos es un ejercicio que puedes incorporar a tu rutina para trabajar diferentes grupos musculares al mismo tiempo.
Aunque su movimiento se concentra en elevar la cadera, también participan los músculos del abdomen y los que ayudan a dar estabilidad a la pelvis.
Cuando se realiza de manera coordinada con la respiración y la activación del piso pélvico, este ejercicio puede formar parte de un programa de recuperación y fortalecimiento después del embarazo.
Además, ayuda a trabajar los glúteos, que participan en movimientos cotidianos como caminar, subir escaleras y levantarnos de una silla.
¿Cómo hacer el puente de glúteos?
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Acuéstate boca arriba.
Coloca una colchoneta en el suelo, flexiona las rodillas y apoya los pies separados al ancho de las caderas. Mantén los brazos a los lados del cuerpo. -
Prepara el movimiento.
Respira con tranquilidad y activa suavemente el abdomen y el piso pélvico, sin apretar los glúteos antes de comenzar. -
Eleva la cadera.
Presiona los talones contra el suelo y levanta lentamente la pelvis. Aprieta los glúteos hasta que el cuerpo forme una línea inclinada desde los hombros hasta las rodillas. -
Mantén la posición.
Quédate arriba durante uno o dos segundos, sin arquear demasiado la espalda ni contener la respiración. -
Baja lentamente.
Desciende la cadera con control hasta volver a apoyar los glúteos en la colchoneta y relaja los músculos antes de repetir.
Puedes comenzar con una serie de 8 a 10 repeticiones y aumentar poco a poco, según tu fuerza y comodidad. Si ya tienes experiencia y realizas el movimiento sin molestias, puedes avanzar a dos o tres series de 12 repeticiones.
¿Qué debes tener en cuenta al realizarlo?
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Evita levantar la cadera demasiado, ya que puedes arquear la espalda y generar tensión en la zona lumbar.
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Mantén los pies bien apoyados y procura que las rodillas no se abran hacia los lados.
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No contengas la respiración mientras elevas la pelvis.
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Si sientes dolor en la espalda, la pelvis o el abdomen, detén el ejercicio.
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No fuerces la contracción del piso pélvico. El movimiento debe ser cómodo y permitir que los músculos se relajen al terminar.
Si estás en el posparto, consulta con tu médico o fisioterapeuta antes de incorporar este ejercicio, especialmente si tuviste una cesárea o alguna complicación durante el nacimiento.

Respiración diafragmática y activación del abdomen profundo
La respiración también puede ser una herramienta útil para trabajar los músculos del abdomen y el piso pélvico. La respiración diafragmática consiste en aprovechar el movimiento natural del diafragma, un músculo ubicado debajo de los pulmones que participa en cada inhalación y exhalación.
Cuando inhalamos, el diafragma baja y el abdomen se expande suavemente. Al mismo tiempo, los músculos del piso pélvico permiten un ligero movimiento hacia abajo. Al exhalar, el diafragma vuelve a subir y el piso pélvico acompaña este movimiento.
Este trabajo se relaciona con el transverso abdominal, una capa profunda de los músculos del abdomen que funciona como una especie de faja natural alrededor del tronco. Su activación suave, coordinada con la respiración, ayuda a dar estabilidad a la zona abdominal y la pelvis.
La idea no es meter el abdomen con fuerza ni mantener el abdomen contraído todo el tiempo, sino aprender a coordinar la respiración con los músculos profundos del cuerpo.
¿Cómo hacer la respiración diafragmática?
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Busca una posición cómoda.
Acuéstate boca arriba sobre una colchoneta o una superficie firme, flexiona las rodillas y apoya los pies en el suelo. -
Coloca las manos.
Pon una mano sobre el pecho y otra sobre el abdomen, a la altura del ombligo. Esto te ayudará a notar cómo se mueve tu cuerpo al respirar. -
Inhala por la nariz.
Toma aire lentamente y permite que el abdomen se eleve de manera natural. Procura que el movimiento del pecho sea suave. -
Exhala lentamente.
Suelta el aire por la boca y deja que el abdomen baje. Al terminar de exhalar, puedes llevar suavemente el ombligo hacia adentro, sin apretar ni hacer fuerza. -
Continúa respirando. Repite el ejercicio durante dos a cinco minutos, manteniendo un ritmo tranquilo y sin contener el aire.
Con la práctica, puedes hacer este ejercicio sentada o de pie, e incorporarlo poco a poco a otras actividades.
¿Qué debes tener en cuenta?
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No intentes meter el abdomen con fuerza ni apretar los músculos durante toda la respiración.
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Evita levantar los hombros o contener el aire.
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Mantén un ritmo cómodo. Si sientes mareo, haz una pausa y respira normalmente.
Si estás en el posparto, puedes practicar la respiración suave cuando te sientas preparada, siempre que no te provoque dolor o molestias. Si tuviste complicaciones, consulta antes con tu profesional de salud.

Ejercicios hipopresivos, qué dice la evidencia
Los ejercicios hipopresivos combinan determinadas posturas con una técnica respiratoria que incluye una pausa después de exhalar y una apertura de las costillas. Esta maniobra busca generar una disminución de la presión dentro del abdomen y favorecer la activación de la musculatura abdominal y del suelo pélvico.
Se han popularizado como una opción para trabajar la zona abdominal después del embarazo, pero sus beneficios para recuperar el suelo pélvico todavía se investigan.
Algunos estudios han encontrado que los ejercicios hipopresivos podrían ayudar a fortalecer los músculos abdominales y del suelo pélvico, así como a disminuir las pérdidas de orina.
Por ejemplo, un estudio publicado en 2024, titulado Effects of hypopressive exercises on pelvic floor and abdominal muscles in adult women, encontró resultados positivos en mujeres que practicaron este tipo de ejercicios.
Sin embargo, todavía hace falta investigar más para confirmar sus beneficios y saber qué tan efectivos son por sí solos para tratar la debilidad del suelo pélvico. Por eso, se consideran una opción complementaria y no un sustituto de los ejercicios de Kegel.
Por ahora, los ejercicios de Kegel cuentan con mayor respaldo científico para la prevención y el tratamiento de la incontinencia urinaria. Los hipopresivos pueden formar parte de un programa de rehabilitación, pero es preferible que se indiquen como complemento y bajo la orientación de un fisioterapeuta especializado en suelo pélvico.
No todas las mujeres necesitan hacer hipopresivos después del parto. Antes de practicarlos, es importante valorar cómo se encuentra el suelo pélvico y elegir ejercicios adecuados para cada caso.

Rutina semanal recomendada para mamás
Incorporar ejercicios para el suelo pélvico durante la semana puede ayudarte a trabajar la fuerza, la coordinación y el control muscular. Lo ideal es comenzar con sesiones cortas y movimientos suaves, prestando atención a cómo responde tu cuerpo.
No necesitas hacer todos los ejercicios todos los días. Puedes distribuirlos a lo largo de la semana y aumentar poco a poco las repeticiones o el tiempo, siempre que los realices sin dolor, presión ni molestias. Esta propuesta es orientativa y debe adaptarse a tu recuperación, especialmente si tuviste un parto reciente.
| Día | Ejercicio | Series | Repeticiones o duración | Descanso |
|---|---|---|---|---|
| Lunes | Kegel, con contracción y relajación | 2-3 | 8-10 contracciones | 30 segundos entre series |
| Martes | Caminata ligera | 1 | 10-20 minutos | Según tolerancia |
| Miércoles | Puente de glúteos | 2 | 10-12 repeticiones | 45 segundos entre series |
| Jueves | Respiración diafragmática | 1 | 5 minutos | Sin descanso |
| Viernes | Kegel, con contracción y relajación | 2-3 | 8-10 contracciones | 30 segundos entre series |
| Sábado | Caminata ligera | 1 | 15-20 minutos | Según tolerancia |
| Domingo | Descanso o respiración suave | 1 | 5 minutos, si te apetece | Sin descanso |
Recuerda que la calidad del movimiento importa más que completar todas las repeticiones.
Durante los Kegel, deja que los músculos se relajen por completo entre cada contracción. Si sientes dolor, pesadez en la pelvis, presión vaginal o un aumento de las pérdidas de orina, suspende el ejercicio y consulta con un profesional de salud.
Si acabas de tener a tu bebé, comienza con movimientos suaves cuando te sientas preparada y tu equipo médico te indique que puedes hacerlo.
Los ejercicios de fuerza, como el puente de glúteos, pueden incorporarse más adelante, según tu recuperación.
Una fisioterapeuta especializada en suelo pélvico puede ayudarte a adaptar la rutina a tus necesidades.
Nota: Esta tabla es un ejemplo de distribución semanal, no una rutina terapéutica con dosis comprobadas para todas las mujeres. En particular, los ejercicios de Kegel no son adecuados para todos los casos, ya que algunas mujeres necesitan aprender a relajar el suelo pélvico antes de fortalecerlo.
Si tienes dudas sobre qué hacer al entrenar y qué consejos dejar de lado, puedes consultar los mitos del gym que la ciencia ya desmintió (y qué hacer en su lugar).
Señales de alerta, cuándo consultar a un especialista
Aunque los ejercicios para el suelo pélvico pueden ayudar a mejorar su fuerza y coordinación, hay situaciones en las que es importante recibir una valoración profesional antes de continuar o aumentar la intensidad.
Presta atención si presentas alguno de estos síntomas
- Pérdidas de orina o heces que continúan, empeoran o aparecen al hacer ejercicio, reír, toser o cargar objetos.
- Sensación de peso o presión en la pelvis, como si algo empujara hacia abajo.
- Un bulto en la vagina o la sensación de que algo sobresale.
- Dolor pélvico o durante las relaciones sexuales que persiste.
- Dificultad para vaciar la vejiga o evacuar.
- Molestias al hacer los ejercicios, especialmente si sientes presión, dolor o un aumento de los síntomas.
Estas señales pueden estar relacionadas con distintas alteraciones del suelo pélvico, como debilidad muscular, tensión excesiva o prolapso de órganos pélvicos. Por eso, si las molestias continúan, lo recomendable es consultar con un ginecólogo, urólogo o fisioterapeuta especializado en suelo pélvico.
Durante la valoración, el especialista revisará tus síntomas y la función de los músculos para determinar qué tipo de tratamiento necesitas. Según cada caso, puede recomendar ejercicios específicos, terapia manual, biofeedback o electroestimulación.
No todas las mujeres requieren las mismas técnicas y, en algunos casos, es necesario trabajar primero la relajación muscular antes de comenzar con ejercicios de fortalecimiento.

Cuidar de tu suelo pélvico también forma parte de tu bienestar como mamá. Entre las actividades diarias, el trabajo y la atención de tus hijos, es importante reservar un espacio para ti y prestar atención a cómo se siente tu cuerpo.
Incorporar ejercicios adecuados a tu rutina puede ayudarte a fortalecer estos músculos y mejorar su funcionamiento. Si tienes pérdidas de orina, dolor o sensación de pesadez en la pelvis, consulta con un especialista para conocer qué está pasando y recibir la orientación que necesitas.
La recuperación lleva su propio ritmo y merece atención en cada etapa. Escucha a tu cuerpo y busca el acompañamiento profesional que te ayude a cuidar tu suelo pélvico.
Preguntas frecuentes sobre los ejercicios del piso pélvico (FAQ)
Sí. Algunos ejercicios de Pilates trabajan la postura, la respiración y la musculatura profunda del abdomen, que participa en la coordinación con el piso pélvico.
Puede ser una actividad complementaria, siempre que los movimientos se adapten a las necesidades de cada mujer y se realicen con una técnica adecuada.
Algunas posturas de yoga permiten trabajar la movilidad de la pelvis, la respiración y el control muscular.
También pueden ayudar a mejorar la conciencia corporal y la relajación de esta zona. Sin embargo, no todas las posturas son adecuadas para cualquier mujer, por lo que es importante adaptarlas si existen molestias o problemas del piso pélvico.
Las sentadillas trabajan principalmente los glúteos, los muslos y otros músculos de las piernas, pero también requieren coordinación con el abdomen y el piso pélvico.
Pueden formar parte de un programa de ejercicio general, siempre que puedas realizarlas sin dolor, presión ni sensación de pesadez en la pelvis.
Depende de cada caso y de los síntomas. Los ejercicios de alto impacto, los saltos y algunos abdominales pueden aumentar la presión sobre el piso pélvico y provocar molestias o pérdidas de orina en ciertas mujeres.
Esto no significa que debas eliminarlos para siempre, sino que es importante adaptar la actividad física y recibir orientación si tienes síntomas.
Depende del tipo de ejercicio y de cómo se encuentre tu musculatura. Algunos abdominales pueden generar demasiada presión sobre la zona, especialmente si se realizan conteniendo la respiración o haciendo fuerza hacia abajo.
Un fisioterapeuta especializado puede ayudarte a elegir ejercicios abdominales adecuados y ajustar su intensidad.
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